El Bisfenol A (BPA) es un producto químico que se encuentra en multitud de envases para alimentos, incluyendo botellas de plástico de policarbonato y revestimientos de latas.

Desde el año 2014, se han publicado casi cien estudios epidemiológicos vinculando el BPA a varios problemas de salud, según la Introducción a las Sustancias Químicas que Perturban el Sistema Endocrino, un análisis de la Sociedad de Endocrinología de Estados Unidos y la red de organizaciones no gubernamentales (IPEN).

Un equipo de investigadores de la Escuela de Medicina de Yale, ya demostró que la exposición prenatal al bisfenol A, podía provocar la modificación del ADN de los fetos al afectar esta sustancia a la sensibilidad de los estrógenos, una de las principales hormonas sexuales encontradas en las mujeres. Ahora, un nuevo estudio desarrollado por expertos del Departamento de Neurociencia de la Universidad de Carleton (Canadá), concluye que la exposición prenatal al bisfenol A, interfiere en la hormona que controla el apetito, aumentando el riesgo de que la descendencia tenga problemas de peso. Las mujeres embarazadas expuestas al bisfenol A podrían ser menos sensibles a la leptina (hormona de la saciedad).

La exposición a esta sustancia en los seres humanos es muy común, más del 90% de las personas analizadas integran en su organismo niveles detectables de BPA, aunque en este caso la preocupación es la exposición que sufren los fetos al bisfenol A en etapas críticas del desarrollo, exposición que se produce a través de la alimentación de la madre. El bisfenol A podría redefinir ciertas regiones cerebrales del feto durante su desarrollo, alterando concretamente los circuitos hipotalámicos que regulan la alimentación y el balance energético.

Para examinar cómo el BPA puede fomentar el desarrollo de la obesidad, los investigadores proporcionaron BPA, integrado en la comida - a un nivel reducido y considerado seguro por la Administración de Alimentos y Fármacos de Estados Unidos (FDA) y Health Canadá -  a los roedores que esperaban descendencia. La investigación confirmó que la exposición prenatal al BPA afectó al cerebro y especialmente al área cognitiva de los sujetos analizados.

Finalmente, el estudio demuestra que el bajo nivel de exposición prenatal al BPA retrasa una oleada de leptina después del nacimiento que permite a los ratones desarrollar la respuesta adecuada a la hormona y que, por el contrario, la exposición al BPA altera permanentemente la neurobiología de los ratones afectados, haciéndolos propensos a la obesidad cuando son adultos.

Que el nivel de BPA y los problemas de peso en la infancia están relacionados es un hecho al que hay que sumar que estos niños, cuando sean adultos, tendrán mayor riesgo de padecer otras enfermedades crónicas asociadas al exceso de peso.

La EFSA (Agencia de Seguridad Alimentaria de la Unión Europea), en una revisión realizada en el año 2015 sobre esta sustancia, determinó que no existían riesgos para la salud de los consumidores con el actual nivel de exposición, sin embargo, tras nuevos estudios y pruebas aportadas, inició una evaluación científica el año pasado, cuyos resultados se esperan para el 2018. No obstante, sería interesante aplicar el principio de precaución y que las madres intentaran evitar los alimentos que se encuentran en envases que contienen esta sustancia, lo que obligaría a descartar la mayoría de productos enlatados y envasados; una alimentación a base de productos frescos y de temporada reduciría considerablemente la exposición al producto químico.